La era de las maravillas

En un pueblo de Baviera, Albert Spiegel llegó como aprendiz del afamado maestro relojero y orfebre Franz Mayer. Albert, joven ambicioso de origen humilde, aprendió las habilidades del viejo maestro. En cinco años Albert dominó los misterios de la metalurgia, sabía los intrincados secretos de los mecanismos perpetuos, combinó materiales inverosímiles creando amalgamas perfectas. Por un escándalo local abandonó Baviera. Recorrió Europa del Este y Asia Menor bebiendo el conocimiento de otras fuentes, de otras manos. La fama de inventor consumado, de artista genial le procedió en las cortes europeas. Catalina la Grande, le encomendó al Maestro la construcción de un reloj de colosales dimensiones, tan alto como el Palacio de Invierno. El reloj funcionó con una precisión matemática tan exquisita, que sólo se retrasaría una vez cada mil años. Fabricó para Luis XVI un autómata de apariencia humanoide, de mecanismo sigiloso, capaz de conversar con una clarividencia bíblica y tomar decisiones de vida o muerte. La corona británica encargó la creación de un ejército de insectos mecánicos tan diminutos como el polvo, laboriosos como hormigas y mortales como avispas. Políticos ambiciosos y generales sin escrúpulos se encargaron del resto. La plaga del polvo mecánico se extendió por el mundo, todo ser viviente sucumbió a su paso. La era de las maravillas mecanizadas había llegado.

cubierta cryptonomikon 2013

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